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Editorial

El negocio de la política, y…                       La clientela

Como premisa, para un mejor entendimiento, empleamos en el desarrollo de estas ideas las reglas gramaticales y sintácticas de la lengua española, en particular en el uso de genéricos y plurales y, por ello, no contemplamos las nuevas generalizaciones del lenguaje inclusivo.

 

En algún momento de la vida humana, los únicos recursos del hombre para vivir eran los agrarios y los obtenidos mediante la caza y la pesca. A raíz de aquí, la transformación de la vida evolucionó y el hombre (obviamente nos referimos a los hombres y a las mujeres), se dedicó a explotar sus recursos físicos e intelectuales, y se convirtió en proveedor de bienes y de servicios.

 

Y es así, como nacieron los negocios.

 

Cualquier negocio contiene cuatro notas esenciales: Los propietarios, el objeto del negocio, los proveedores y los clientes.

 

Y así, cualquier actividad empresarial, genera o transforma un producto o servicio para transmitirlo al siguiente adquirente de la cadena (sus clientes), hasta que el producto o servicio llega al consumidor o usuario final.

 

En este proceso de producción y venta, cada empresa utiliza los servicios o materias suministrados por otros (sus proveedores) y arriesga un importe de dinero (el capital), que sirve para anticipar sus deudas a los proveedores, hasta que consigue recuperar de sus clientes el importe de los productos o servicios vendidos, que incluye un beneficio destinado a retribuir al capital anticipado. Y esta es la mecánica general del funcionamiento de cualquier empresa o negocio.

 

Pero, una vez determinado el objeto de la empresa o negocio, el funcionamiento no es automático, y el beneficio no está asegurado; hay que conseguir que el importe de las ventas supere al de los costes… y hay que conseguir que, una vez vendido y entregado el producto o servicio, el cliente pague.

 

Primero, porque si el producto o servicio no es necesario, puede que no se venda; y segundo, porque puede haber otras empresas que suministren el mismo producto o servicio de manera más ventajosa.

 

El primero de los inconvenientes tiene difícil solución, porque si no hay compradores necesitados del producto o servicio, no lo va a demandar; el segundo sí tiene soluciones. La empresa puede reducir el precio, o dar más ventajas que el competidor, o asociarse con sus competidores para conseguir un monopolio o, … y aquí está el secreto, conseguir que el producto o servicio sea de adquisición obligatoria, y que solamente exista una empresa suministradora.

 

Y así, a la sombra del Estado, nacen los partidos políticos.

 

Consideramos que el Estado, como tal, es una empresa que, tal y como señalamos mas arriba, ofrece unos servicios, tiene unos proveedores de bienes y servicios y tiene unos clientes a los que cobra por esos servicios que adquieren del Estado.

 

Pero, aquí está la trampa. Para empezar, tendríamos que saber que el Estado tiene un dueño, pero que ese dueño no ha puesto ningún capital propio para convertirse en dueño del Estado. Además, los clientes del Estado lo son con carácter obligatorio, han de pagar obligatoriamente por los servicios del Estado, los consuman o no y, finalmente, no se da a los clientes la opción de elegir a otro proveedor de esos servicios, porque el Estado es monopolístico y no permite competencia alguna.

 

Y llegamos a la cuestión mollar, a la que aludimos en el párrafo anterior: ¿Quién es el dueño del Estado?.

 

La respuesta a esta cuestión es indiscutible: los dueños del Estado son los partidos políticos, pero no todos; solo los que consiguen llegar al gobierno.

 

Y habríamos de ahondar un poco más en la cuestión, porque ¿Quiénes son los dueños de los partidos políticos?.

 

En cualquiera de los casos, no cabe duda de que quien paga este negocio, y de manera coercitiva, son los propios ciudadanos que, como clientes forzosos, han de pagar los servicios del Estado aunque no los consuman ni los necesiten.

 

Hay un principio empresarial que, en este caso no se cumple; el principio dice que quien paga, manda.  Así que habrá que sustituirlo por el de quien paga, obedece.

 

Y si Ud., que ha leído esta página hasta llegar aquí, considera que esto no tiene arreglo e, incluso, que cada vez será peor, desde aquí le damos la razón; a no ser que, Ud. mismo, y muchos millones mas de clientes forzosos del Estado, se rebelen contra este sistema establecido coactivamente, y decidan dejar de ser clientes de esta forma de Estado.

 

Y si se pregunta como hacerlo, esta es la respuesta: Conviértase en dueño de DERECHA LIBERAL ESPAÑOLA y, utilícela para conseguir desprenderse de este Estado pernicioso. Solo tiene que pinchar el botón que aparece más abajo.

 

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