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Editorial

El gasto, el déficit ...           y la deuda pública.

 

Lo que queremos, es que vivas como tú quieres, no como ellos deciden...

Como premisa, para un mejor entendimiento, empleamos en el desarrollo de estas ideas las reglas gramaticales y sintácticas de la lengua española, en particular en el uso de genéricos y plurales y, por ello, no contemplamos las nuevas generalizaciones del lenguaje inclusivo.

 

Es de todos conocido que los Estados pueden endeudarse, financieramente, con terceros, ya sean otros Estados o instituciones y personas, nacionales o extranjeras.

 

Este endeudamiento, conocido como deuda pública se utiliza con el fin de financiar inversiones en el propio Estado, o el de cubrir gastos estatales o diferencias presupuestarias.

 

La deuda pública, como tal, resulta un mal necesario pero que conviene controlar por las razones que siguen:

 

  • La deuda pública origina un gasto financiero, adicional y permanente a las necesidades del gasto público.
  • La amortización de la deuda debe realizarse con recursos propios, no con otras operaciones de endeudamiento.
  • La solvencia de un país marca las posibilidades de obtención de otras deudas.
  • El endeudamiento del Estado origina frecuentemente dependencias y gravámenes de otros Estados o Instituciones.

 

Dicho esto, conviene recordar también la íntima relación que existe entre la deuda y el déficit públicos, entendiendo que este último (diferencia entre ingresos y gastos públicos), tiende a minorar o agravar el nivel de deuda pública.

 

Considerando que no forma parte de la deuda pública el endeudamiento por parte del Estado con sus proveedores, conviene analizar la evolución de la deuda  y del déficit público durante los últimos 20 años, utilizando tramos quinquenales para mayor simplicidad; todo ello, puesto también en consonancia con los compromisos adquiridos en los Tratados de Roma y de Maastricht, que obligan a los países miembros de la UE a no excederse en un 60% del PIB, para la deuda pública, y en un 3% para el déficit.

 

Y, así, durante los últimos 20 años el Producto Interior Bruto, la deuda del Estado y el déficit presupuestario, expresados en millones de euros, han sido:

 

Año       P.I.B.              Deuda        % PIB            Déficit       % PIB

2001        700.993      378.883       54,05           - 3.189         -0,45

2006     1.003.823      392.137       39,10            21.322          2,12

2011     1.063.763      743.043       69,90        - 103.606        - 9,74

2016     1.113.840   1.104.554       99,20          - 47.953          4,31

2020     1.121.948   1.345.784     119,95        - 122.900       -10,95

 

Nos parece importante destacar que, en el tercer trimestre de 2021, la deuda pública asciende ya a 1,42 billones de euros lo que representa un porcentaje del 122,46 sobre el PIB.

 

En estas circunstancias, no debemos olvidar que la deuda pública emitida tiene un coste financiero actual del orden del 2,43% anual de interés, lo que representa una cantidad, no desdeñable para 2021 de 34.500 millones de euros y que cada punto de incremento en la tasa de interés, representará otros 14.200 millones adicionales. Recordemos que el interes legal del dinero hace 20 años era del 5,5%, y que el interés actual está, artificialmente, sostenido por parte de la UE.

 

Adicionalmente, conviene tener presente que, a finales de 2020, las Comunidades Autónomas tenían una cifra de endeudamiento de otros 312.030 millones de euros y las corporaciones locales habían emitido también deuda pública por 17.679 millones más. En ninguna de estas cifras, se encuentra incluido el endeudamiento con proveedores de bienes y servicios.

 

En estas circunstancias, teniendo en cuenta que la dirección que lleva el Estado Español, desde hace ya muchos años, es la de seguir endeudándose en el presente, para que los futuros gobernantes resuelvan el problema; y considerando también que todos los políticos actuales ignoran las consecuencias futuras del endeudamiento galopante, solamente una modificación radical de esta confianza en que el Estado resolverá todos los nuestros problemas, tendrá alguna posibilidad de éxito.

 

Y ¿cuál es esta modificación a que nos referimos?; es bastante fácil de definir pero, francamente, difícil de aplicar: Meter en cintura al Estado, obligándole a gastar solamente lo necesario. Y la solución es posible, porque está en manos de todos nosotros.

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